En arquitectura, garantizar una óptima calidad ambiental interior (IEQ, por sus siglas en inglés) es esencial para proteger la salud de los ocupantes, ofrecer confort y potenciar la productividad. A diferencia de una obra de arte, un edificio está pensado para ser habitado, y su calidad ambiental marca la diferencia.
Definido por el estándar ASHRAE 55, depende de múltiples factores: temperatura del aire, movimiento, humedad, temperatura radiante, aislamiento térmico de la ropa y nivel de actividad. La humedad es un aspecto crítico y muchas veces descuidado: niveles muy bajos resecan las mucosas y generan problemas electrostáticos; niveles altos favorecen hongos, bacterias y condensaciones. Mantener un rango adecuado es vital para la salud y para la integridad de materiales e instalaciones.
Las normativas establecen niveles mínimos según el uso del espacio (quirófanos, aulas, oficinas, etc.). La tendencia actual es maximizar la luz natural para reducir consumo energético y mejorar la experiencia visual. Un buen diseño puede cubrir hasta el 90-95% de las necesidades lumínicas diurnas.
Se busca minimizar el impacto del ruido aéreo (transmitido por el aire, como conversaciones o música) y del ruido de impactos (vibraciones transmitidas por la estructura, como pisadas o golpes). Ambos pueden coexistir y requieren soluciones específicas, siendo el ruido de impacto el más complejo de aislar.
Una buena IAQ previene irritaciones, molestias y riesgos para la salud. El diseño de los sistemas de ventilación, según el estándar ASHRAE 62.1, debe asegurar caudales mínimos de aire exterior sin comprometer la eficiencia energética. Esto es aplicable tanto a edificios nuevos como existentes.
En SuperControls promovemos el diseño y mantenimiento de espacios saludables, confortables y energéticamente eficientes, alineados con estándares internacionales para maximizar el bienestar de los ocupantes.
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